jueves, 16 de octubre de 2014

El Ébola y el origen del miedo

El Ébola y el origen del miedo


El miedo es una emoción importantísima para nuestra supervivencia, porque nos permite detectar el peligro y tomar la decisión de enfrentar o de huir. Pero hay algo que no está previsto en el diseño original del ser humano y es que nuestra madre no haya sido capaz de satisfacer nuestras necesidades, no haya podido protegernos de los depredados y -en algunos casos- incluso que se haya convertido en nuestra peor depredadora. En esos casos el miedo inunda todo porque –cuando somos niños- nuestra madre es todo el universo. Así crecemos: temerosos y desconfiados ya que nos puede suceder cualquier cosa si estamos distraídos. Si alguien nos amenaza, nos grita, nos acusa o nos castiga, el terror nos paraliza.

Esto que nos sucede en el ámbito individual luego se refleja en el ámbito colectivo. Cuando los organismos de poder nos amenazan o nos hacen creer que hay una amenaza latente (como el cuco o el señor de la bolsa cuando fuimos niños) nuestra reacción es automática. Y cual niños nos enceguecemos a causa del miedo. Haremos lo que sea necesario (o lo que mamá dictamine).

Tal vez recuerden que hace pocos años se instaló en los medios de comunicación una psicosis colectiva por la aparición de la temible Gripe A. El bombardeo mediático fue impresionante. Todos teníamos miedo. Hasta que se vendieron unos cuantos millones de dosis de Tamiflu (un antiviral) para la terrible gripe H1N1 que con un nombre tan futurista, daba más miedo todavía. ¿Qué pasó luego? Nada, una vez que los laboratorios hicieron su negocio, no pasó nada más.

Me recuerda la película “Wag the dog” (1997), cuyo título en español fue “La cortina de humo” con Dustin Hoffmann y Robert De Niro. Se trataba de un grupo de políticos que necesitaban tapar un escándalo sexual de un presidente de EEUU que pretendía ser reelegido -parodiando el affaire Clinton/Lewinsky-. Para lograrlo contratan a un productor de cine que -al mejor estilo “Hollywood”- recreaba escenas de una guerra en Albania (país remoto para la mayoría de los americanos) para difundirlas en la televisión y desviar la atención sobre una guerra tan atroz como inexistente.
Aunque se trata de una película, refleja exactamente lo que nos pasa en realidad.

Y aquí estamos hoy una vez más, sometidos a una campaña de pánico. Es el marketing del miedo, que encaja en lugares primarios muy reales para cada uno de nosotros. Josep Pàmies, un experto español especialista en plantas medicinales, es uno -entre otros- que nos alerta sobre este nuevo montaje al igual que en la película. Su organización ha ofrecido a Guinea posibles soluciones al Ébola que no han sido recibidas. La planta Garcinia kola, ya usada popularmente por los curanderos de la zona, ofrece grandes resultados para esta enfermedad pero la OMS prefiere prohibirla y sintetizarla para poder patentar así la fórmula milagrosa. La Artemisia Annua es también una planta extraordinaria que potencia el sistema inmunitario y elimina la Malaria y el Dengue, enfermedades que realmente matan a cientos de miles de individuos en África.

¿Nos vamos a contagiar de Ébola?. En principio vamos a comprar y consumir las drogas sintetizadas que aparecerán muy pronto en el mercado. Tal vez todo el año 2015 estemos en estado de pánico con este asunto, que además viene importado de un lugar tan inconcebible como Sierra Leona (la mayoría de nosotros no sabría ubicarla en un mapa, salvo buscando en Google). Es un país suficientemente lejano y misterioso para fabricar una enfermedad terrible. ¿Qué podemos hacer?. Darnos cuenta que ya no somos niños y que cuando mamá nos amenazaba con que el señor de la bolsa nos iba a secuestrar, poco y nada podíamos hacer. En cambio ahora sí podemos abrir la puerta y salir al mundo, podemos informarnos, podemos cotejar las informaciones –algunas disparatadas-. En fin, podemos usar el sentido común y luego -por fuera del miedo- tomar las decisiones que queramos.

Fuente :Laura Gutman

miércoles, 15 de octubre de 2014

Escucha tu cuerpo.

 Cuando tu CUERPO se EXPRESA , ! ESCÚCHALO !.

** El cuerpo HABLA en un LENGUAJE PROPIO. Y lo hace con : pinchazos, frío, calor, hormigueo, rampas, tensiones, contracturas, hinchazón, picor, malestar, cansancio, insomnio, confusión, etc.etc y etc. , de mil maneras. Hay que estar atento y cuando algo sentimos corporalmente, atender a que puede estar pasando en nuestra vida que no esta ALINEADO, o sea , que hay discrepancias entre lo que pensamos, lo que sentimos y lo que hacemos.

** Si no atendemos a estos SIGNOS que nos manda el cuerpo para que arreglemos algún asuntillo que no va bien en nuestra vida. ENTONCES , va a seguir hablándonos , pero más fuerte y puede llegar a GRITARNOS , para que escuchemos .

** El DOLOR es un grito de AMOR.
** El CUERPO se EXPRESA como sabe y sabe muy bien que si te duele , te enteras, y si no te dolerá más y más. Tu pones el límite , es hasta donde quieres que te duela para poner remedio a tu vida.

** El dolor suele ser la expresión corporal de que necesitas UN CAMBIO DE ACTITUD.

viernes, 10 de octubre de 2014

Comenzando a tener coherencia???

¿Que sucedió para que yo tuviese esta enfermedad?…: http://youtu.be/qSGWKnrISmE
Gracias, cuerpo, por hablarme.
Gracias, por avisarme,
por decirme que debo mantenerme en mi centro,
en la naturaleza de mi ser de mujer.
Mi naturaleza fluye ligera y con salud.
Mi naturaleza fluye con energía.
Mi naturaleza fluye con amor.
Quiero vibrar en el fluir de la vida.
Gracias, cuerpo, por hablarme, por cuidarme.
Gracias, cuerpo, por dar sustancia a mi vida.
Lilly Wolfensberger Scherz
Cuerpo de Mujer, Campo de Batalla
Arte: Catrin Welz-Stein
Fuente :Facebook Mujeres en circulos.

El árbol vive en mi.

“Cuando uno toma consciencia de que lleva su árbol genealógico en el cuerpo y que puede expulsar el sufrimiento que esto conlleva igual que se expulsan los demonios, todo puede cambiar de golpe. 

Pero eso no exime de trabajar mucho en uno mismo. Trabajar el aspecto mental y el espiritual, pero también el carnal. En la carne, uno puede hacer comprender que hay que ceder… con la condición de no tener más miedo.”  

Hace falta mucho valor y energía para enfrentarlos y decirles: “Basta! yo no comeré más en este plato tan sucio! Ya he tenido suficiente!”. ¿Es duro? Evidentemente, y sería mucho más fácil agarrarse a alguna golosina psicológica tranquilizadora, tomar calmantes positivos y mirarse en un espejo mágico que nos diga que somos guapos y geniales. 

Pero, en fin, el objetivo no era deshacernos de toda nuestra mierda? Pues bien, para eso hay que trabajar duro. Hay que saber colocarse dentro del árbol genealógico de cada uno y entender que no sólo es pasado: Está muy vivo y presente en el interior de cada uno de nosotros! 

El árbol vive en mí. Yo soy el árbol. Yo soy toda mi familia. Me tocan la pierna derecha y papá empieza a hablar, el hombro izquierdo y la abuela empieza a gritar. Nadie tiene problemas individuales porque toda la familia está siempre en juego. El inconsciente familiar existe! 

Desde el mismo momento en que alguien toma consciencia de algo, hace que todos los suyos también la tomen. Ese alguien es la Luz. Cuando aparece la primera manzana en el árbol, todo el árbol está contento. Si uno hace su trabajo, todo su árbol se purifica.” 
Alejandro Jodorowsky

jueves, 9 de octubre de 2014

La relacion emocional y los brazos.

Los brazos son los miembros más utilizados puesto que tienen múltiples funciones. En general, los necesitamos para realizar cualquier tipo de acción -para tomar algo, abrazar a otra persona, para jugar… Un dolor de brazo afectará entonces una o varias de estas funciones.
Este problema es frecuente en la persona que no se siente útil en su trabajo y que duda de sus capacidades. Se siente apenada y triste, lo cual la lleva a replegarse sobre sí misma sintiendo lástima de su sufrimiento.
También puede padecerlo la persona que tiene dificultar para abrazar a los que ama y se siente culpable por ello. Le ayudaría mucho revisar y averiguar qué es lo que le impide estrechar a alguien.
Un dolor en el brazo puede también indicar que la persona se siente incapaz de mostrar su fuerza para ayudar a otro. El brazo derecho se relaciona con el acto de dar y el brazo izquierdo con el de recibir.
Este dolor se suele presentar también en la persona que tiene todo lo necesario para elegir una situación nueva pero deja que sus pensamientos o los de los demás influyan demasiado en ella, lo que le impide pasar a la acción.
Por ser la extensión de la región del corazón, debemos utilizar los brazos para expresar nuestro amor y no para sentir el peso de alguien o de algo, es decir, no debemos creernos forzosamente obligados a hacernos cargo de los demás o a protegerlos. No es por azar que los brazos estén colocados en ese lugar del cuerpo. Debemos abrazar a una persona o una situación con amor y trabajar con amor. Esto es lo que nuestro corazón desea.
Si el dolor aparece en el brazo derecho, es posible que la persona no se sienta capaz de ser el brazo derecho de alguien.
Si eres de los que dudan de sí mismo, de tus capacidades y de tu utilidad, es porque dejas que te moleste una vocecita en tu cabeza que intenta convencerte de que no tienes la capacidad necesaria para emprender lo que deseas. También es posible que pienses que no tienes los conocimientos necesarios para hacerlo.
Si tienes miedo de no poder ser el brazo derecho de alguien, ¿verificaste si esos temores están bien fundados? Cualesquiera que sean los mensajes de tu ego, debes decidir pasar a la acción con confianza y debes creer que posees lo necesario para lograrlo. Tus dudas son las únicas que pueden detenerte y hacerte perder tu objetivo. Si no actuar fuera bueno para ti, no te dolerían los brazos. El dolor que sientes se ha hecho presente para hacerte comprender que tu manera de pensar te hace daño. Si observaras a alguien como tú en acción, ¿qué cualidades le encontrarías? El hecho de admirarte a ti mismo te dará mucha energía, cosa que no ocurre cuando dudas de ti mismo.
Si tu dolor tiene que ver con tu dificultad para demostrar tu afecto y tu amor a los demás abrazándolos, el mensaje quiere ayudarte a vivir una nueva experiencia atreviéndote a hacerlo. Esto no quiere decir que debas hacerlo siempre, sino que te concedas el derecho de cambiar tu actitud mental con respecto a tu manera de demostrar el afecto. No sigas creyendo que eres una persona fría. Si el dolor está situado en el codo, ver también dolor de codo.
Los dolores de los brazos están vinculados con la dificultad de manifestar el amor en lo que hago, en mi trabajo o en mis acciones de cada día. Es un bloqueo de energía, una inhibición de hacer algo para mí – mismo o para los demás. Puedo entonces sentir rigidez muscular, dolor o calor (inflamación). Mis brazos se vuelven menos móviles y más tensos, mis articulaciones (hombros, codos) más dolorosos. Sé que el papel de mis brazos está en su capacidad de coger las nuevas situaciones y las nuevas experiencias de mi vida. Quizás esté en reacción frente a una nueva situación; ya no encuentro que mi trabajo sea motivador; estoy frustrado o irritado porque no consigo expresarme convenientemente, o porque tengo dificultad en realizar un proyecto. Una situación que califico de “fracaso” podrá exteriorizarse por un dolor en los brazos. Generalmente son los huesos de mis brazos que estarán afectados cuando no soy capaz de hacer tan bien como antes una actividad profesional o deportiva en la cual era excelente. No consigo coger la gente a quien amo en mis brazos; rechazo reconocer que estoy harto de una situación que era nefasta para mí (tener los brazos cansados). En general, tener dolor en los brazos significa cojo demasiado. O bien es algo que no cojo o que me niego a coger. Ya no tengo ganas de comunicar con los demás en el nivel del corazón, dudo de todas mis capacidades en realizar algo. Ir hacía delante en la vida me parece difícil. Los dolores son pues un modo inconsciente de enseñar que padezco. Quizás, deba “soltar”, “dejar ir”, una situación o una persona que quiero “retener” a toda costa. Una dificultad con la autoridad puede manifestarse en el brazo derecho, mientras que será mi brazo izquierdo el que estará afectado si vivo un conflicto para expresar mi amor y mi bondad. Los hombres tienen una tendencia natural a querer híper – desarrollar los músculos de sus brazos que son un símbolo de fuerza y poder, lo cual denota su dificultad y su resistencia en expresar la energía del corazón y el lado dulzura. Inversamente, los brazos más delgados y débiles me indican una timidez en la expresión de mis emociones y una resistencia en dejar correr la energía. Me freno para hundirme en la vida y aprovecharme al máximo. Mis brazos corresponden más a mi expresión interior. Mis ante – brazos, en cambio están conectados con la expresión exterior, el “hacer”. “Me arremango y paso a la acción! La dulzura representa el lado interno de mis ante – brazos, manifiesta mi sensibilidad y puedo tener dudas antes de expresar físicamente cosas en el Universo. Quizás deba cambiar mis costumbres, o mi modo de hacer y esto me es tan difícil, en razón de mi rigidez, que mis ante – brazos también se pondrán rígidos. Una irritación cutánea a nivel de brazo está conectada a una frustración o a una irritación en lo que hago o no hago, en el modo de expresarme y en lo que puede sucederme después de la intervención de los demás. Debo manifestar más amor en lo que hago, investirme, abrirme con confianza a los demás, apretar en mis brazos con amor y cariño a la gente que amo (la imagen del padre que aprieta a su hijo en testimonio de amor). Recuerdo que la acción de apretar a alguien frecuentemente es terapéutico. Estimo mis bellas cualidades de comunicación, ternura y apertura. Coloco mi atención en las actividades interesantes. Me ejerzo en ver los buenos lados de cualquier situación. Lo hago realizando que es maravilloso, que estoy mejor de lo que pensaba. Me cambio las ideas porque lo necesito.

miércoles, 1 de octubre de 2014

Una mirada desde La Lic Laura Gutman

La salud en nuestras manos

    En épocas de gripes y anunciadas pandemias, fomentamos el miedo en vez de la salud. Información parcial, noticias catastróficas y fuera de contexto promueven el temor, mientras se pide a la población que no entre en pánico, en una contradicción insostenible. Es verdad que cualquiera de nosotros puede “contagiarse” y enfermar. Es más: tenemos derecho a enfermar, a tomarnos un respiro y apartarnos de nuestras rutinas cotidianas. Para lograrlo, necesitaremos utilizar los virus para realizarla enfermedad. Incluso podemos afirmar que no hay nada más saludable que enfermar, entendiendo que es la manera de recuperar el equilibrio perdido. Sin embargo, para enfermar, tendremos que recurrir a instancias mucho más potentes que los virus: necesitaremos sentimientos o dolores no reconocidos, hartazgos o conflictos internos sin solución aparente y el deseo de apartarnos y distanciarnos, erigiendo enemigos por doquier. También precisaremos comida de mala calidad o alejada de nuestra naturaleza personal. Quiero decir, comemos lo que luego nos enferma y pensamos lo que luego nos enferma. Esto significa que el equilibrio físico y psíquico está en nuestras manos y depende de nosotros mucho más que de los temibles virus externos. Aunque no lo parezca, ésta es una excelente noticia. Porque podemos hacer algo muy concreto. ¿No queremos enfermar? Pues bien, abandonemos completamente la leche y sus derivados. Completamente significa completamente: yogures, postres, flanes, cremas, helados, manteca, chocolate. En los niños pequeños, esta debería ser la regla. ¿Es muy difícil? ¿Acaso es más fácil tolerar las virulentas gripes que nos tienen aterrados que sostener una dieta momentáneamente rigurosa? Ahora bien, supongamos que prestamos una estricta atención al alimento, aún tendremos que abordar el territorio de los dolores afectivos. Eso es más complejo, pero no imposible. Como mínimo, preguntémonos qué nos aportaría una enfermedad respiratoria en este momento de nuestras vidas. ¿No tenemos ninguna pista? Pidamos ayuda, para ver aquello que enceguecidos por nuestras propias opiniones, no alcanzamos a vislumbrar. En lugar de alimentar el miedo o de aislarnos, sepamos que sólo podemos enfermar de aquello que nos completa. Y que todo síntoma nos aporta información sobre el estado de nuestra conciencia. No hay verdadero peligro si miramos hacia adentro.
Fuente:Laura Gutman