martes, 19 de agosto de 2014

Una historia, un caso

LA BIODESCODIFICACIÓN DE ALEJANDRA

flor
Alejandra es una entusiasta seguidora del blog desde hace tiempo y me contó que inició un trabajo de biodescodificación con un terapeuta y que le estaba yendo muy bien así que como soy muy lanzada le pedí si podría compartir su experiencia con nosotros. Os dejo con su texto:
– Para los que no sepáis de qué va la biodescodificación (también llamada bioeuroemoción) mirad esta entrevista a Enric Corbera donde lo explica más claro que en otros vídeos que he visto suyos –
Hola, mi nombre es Alejandra y decidí hace algún tiempo, por toda la información que me estaba llegando, empezar a armar mi árbol. Fue un trabajo arduo y dificultoso, primero, porque no sabía muy bien cómo “montarlo” y luego, porque los datos se perdían en el tiempo en sitios bastante inaccesibles por Italia. Aprendí de a poco a fuerza de ver vídeos, de leer blogs como tataranietos y así comencé a entender cómo se iba armando ese entramado de historias entremezcladas.
Hubo una primera parte que armé enseguida: la rama paterna apareció de inmediato y fue fluida la manera en que pude contactar con ese pequeño pueblito del centro de Italia. Aparecieron los nombres y fechas de mis abuelos, bisabuelos y ¡tatarabuelos! Teniendo en cuenta de que yo tengo 57 años, nos estábamos remontando a 1850. Fue precioso y emocionante. Armé con mimo y cuidado todo ese clan. Encontré fechas, nombres y algunos hechos relevantes que mi madre (que es la única que sigue viva) me fue relatando.
La rama materna se hizo rogar más, y me llevó más de 3 meses poder resolver esa parte del árbol y finalmente cuando ya había renunciado a encontrar más datos y había escrito a todas las archidiócesis de Piemonte, de donde eran los de la rama materna, me llegaron de una pequeña iglesia todas las actas de nacimiento y muerte de mis abuelos, bisabuelos y algún tatarabuelo (curiosamente, quedaba apuntado el nombre del abuelo, y no de la abuela, en las actas de nacimiento de los hijos de sus hijos).
Cuando tuve todo armado, sentí una emoción muy fuerte, era como ver a todos los clanes juntos, y encontrar las fechas que nos unían en lazos silenciosos, pero que de alguna forma nos mantenía atados a pautas que ahora comenzaba a ver que no eran mías.
Con todo ese material acudí a una sesión de biodescodificación, y descubrí verdaderos tesoros de aprendizaje. El terapeuta me comentó que pocas veces había visto un árbol tan “espejo” de las dos ramas, ¡eran prácticamente gemelas! Todo se repetía como si fueran esos tests donde tienes que interpretar un dibujo que es espejo de una mitad y de otra. Y seguía repitiéndose en mi propia historia con mi marido y con mis hijos. Fue verdaderamente liberador poder verlo. Después de explicármelo varias veces porque no lograba integrar tanta información, trabajamos con los duelos que tenía que hacer con esas personas desconocidas pero que llevaba “pegadas” a mi.
Y así empecé a escribir cartas de duelo, a vivir los procesos que cada uno conllevaba, a sentir como podía ir liberándome de cosas que no me pertenecían. El programa más claro que tenía como patrón heredado era que yo tenía que ser la madre de todos (de mi madre, padre, hermanos, marido, hijos, amigas, etc.). Ninguna de las figuras maternas del árbol había podido serlo por duelos, por abusos, por malos tratos, etc. Y yo tenía que ser lo que “ellas no habían podido ser”. Fue tremendo descubrirlo.
El primer resultado que tuve fue que dejé de tener dolor en un pie lesionado, fue casi inmediato, y luego, otro de los síntomas que cesó inmediatamente después de un duelo con mi madre fue que después de un año y medio de no tener regla, ¡volví a tenerla! solamente lo que duró ese proceso (8 días de trabajo) y luego una vez que hice el duelo de corte con mi madre, ¡se terminó!
La experiencia fue positiva, integradora, emocionante, dura en algunos momentos pero en todo caso recomendable. Gracias Mireia por dejarme contar esta experiencia que seguramente no acaba aquí. Es un trabajo que hay que seguir porque siempre tenderán a repetirse ciertos programas que a pesar de que los hemos heredado y no son nuestros, quizás nos sea más complicado sanar o reprogramar.
fuente tataranietos.

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