“Es sano recordar que no somos producto de una generación espontánea. Realmente somos más antiguos de lo que imaginamos. Somos más que un yo limitado y aislado, somos más que uno mismo. Los espíritus de nuestros antepasados componen también nuestro espíritu. Nuestro ser tiene más edad de la que imaginamos. Si nuestros tatarabuelos viviera, tendrían aproximadamente doscientos ochenta años, ¡casi tres siglos! Sus experiencias viven en nuestro ser: emociones, sentimientos, logros, pérdidas que han atravesado el tiempo, han evolucionado o se han estancado. Experiencias que muchas veces, cuanto más lejanas en el tiempo, más profundamente están grabadas en nuestra alma.”
Daniel Dancourt Masias
¿Si no sabemos donde hemos dejado las llaves del coche cómo vamos a recordar cuándo e murió el abuelo?
Parece que olvidemos los asuntos familiares importantes y las fechas en las que estos ocurrieron pero no, los hitos vitales buenos y más habitualmente los aspectos traumáticos siguen estando presentes en nuestra vida.
Las muertes tempranas, asesinatos, suicidios, quiebras, accidentes mortales, enfermedades incapacitantes, etc. son trances que nos interesaría de verdad aparcarlos de una vez para no seguir sufriendo pero los traumas no se borran de nuestro inconsciente fácilmente y pasan de generación en generación.
El inconsciente es puñetero y se encarga de “celebrar” los aniversarios deduelos pendientes ya sea repitiendo el hecho de forma idéntica o simbólica.
En los árboles genealógicos que he analizado he encontrado hermanos que mueren en la misma fecha en que falleció su padre, a personas que cada mes de mayo tienen un accidente, una familia en la que todos los hijos que tuvieron tres hermanas nacieron en la misma fecha (además de que todos los nombres de las criaturas empezaban por la letra A) o que en Navidad cada año puntualmente le entra a una clienta una llorera incontrolable e inexplicable delante de todos los suyos que obviamente no entienden nada. Lo que me explican en talleres y sesiones de Skype son más que coincidencias, son sincronías, son mensajes.
La vida que tuvieron nuestros anteriores nos afecta para bien y para mal. Cuando tomamos consciencia de lo atados que estamos a nuestro pasado colectivo nos relajamos y podemos tomar entonces el timón de nuestra existencia. El árbol genealógico ayuda a poner orden, no es obligatorio hacerlo pero es muy útil.
¡La genealogía viva es fascinante!
Fuente tataranietos.
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